| siberpoint dice: La muerte suele presentarse de manera imprevista en la vida de la gente, ya como anuncio fatídico en forma de enfermedad, esto es anunciando su llegada a plazo mas o menos fijo como por telegrama, ya sea de repente.
En Michael fue de repente.
Pocos podían creer que ese hombre hubiera muerto justo en ese momento.
Hacía mas de diez años que debía su fama a asunto policiales ajenos a su profesión.
Abuso de menores, supuestos matrimonios, supuestos hijos y supuesto divorcios, habían mermado tanto su fama como su fortuna.
Había hecho también algunos malos negocios.
Era el dueño de los derechos musicales de los Beatles, también había comprado parte de los de Elvis.
Los derechos musicales a principios de los noventa podían ser algo lucrativo. Hoy, Internet mediante, no parecieran valer mucho. Se dice que los grandes sellos discográficos, en manos de las dos o tres grandes productoras de entretenimientos de Hollywood no realizan ninguna venta de derechos entre ellas, simplemente porque ponerle un valor a alguna (por decir, la de los derechos musicales de Michael) sería reconocer que ninguna ya vale nada.
La inseguridad jurídica actual ha entregado las estrofas de Lennon a quien las quiera oír, sin respetar contrato escrito alguno, como siglos antes lo había hecho con Mozart.
Esto también afectó la sensibilidad y economía de Michael.
Solo parece haber algún negocio en ellas como banda sonora de alguna película.
Quizás pronto se realice una sobre la vida de Michael. Varios actores negaron ofrecimientos para interpretarlo (Michel Rocker fue el primero) aunque se comenta que la versátil Angelina Jolie dijo estar estudiando la posibilidad de aceptar. Ya está tomando clases de baile en Chipre, donde piensa comprar un koala y adoptar “dos o tres niños”.
Lo mas sorprendente es la historia de su muerte.
La misma parece rodeada del mas absoluto misterio. Las hipótesis van desde la sobre dosis de drogas a el exceso de medicación.
En un hombre que hizo de su cuerpo un templo, esto no parece increíble. Sus mas de cien operaciones con fines estéticos y de decoloración, todas exitosas, hacen que un descuido de este tipo parezca inadmisible.
La increíble demanda de entradas para su nuevo show también da una idea clara de lo imprevisto de su muerte. Nadie sabe a ciencia cierta si estas se hubieran vendido mas o menos si se anunciaba su muerte con anticipación.
La desafortunada crisis de los mercados que actualmente atravesamos, y que nos está llevando al borde del comunismo estatista, hubiera impedido, junto a lo imprevisto del suceso, que los mercados de oferta y demanda actuaran libremente sobre estas valiosísimas locaciones.
Las desgracias nunca se presentan solas.
Nos queda sí, el recuerdo de su arte. Sus canciones memorables (pegajosas dirán sus detractores), su voz inconfundible (esos “grititos aborrecibles” a decir de aquellos mismos) y la producción de videos musicales con increíbles efectos especiales, que lo convertían en un gran bailarín.
El mundo del espectáculo, las paginas policiales, los abogados y los médicos, junto a sus fans. Lloran esta increíble e inesperada pérdida.
Solo quedan, felices, los niños.
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